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Una de las lecciones sobre lo que nos habla Castaneda es de “Perder importancia”. Dice Juan Matus: “mientras te sientas lo más importante del mundo, no puedes apreciar en verdad el mundo que te rodea. Eres como un caballo con anteojeras: nada más te ves tú mismo, ajeno a todo lo demás”.

El mayor enemigo es la importancia personal, lo que te debilita es sentirte ofendido por lo que hacen o dejan de hacer los demás.

Nos está hablando del “ego”, que debemos abandonar nuestro ego. Se alimenta de nuestros sentimientos, que van desde el deseo de caer bien y ser querido hasta ser un completo arrogante. Pero su área de acción es la lástima por uno mismo y por el resto.

Nos presentamos al mundo de una forma particular, cada individuo elige una o varias, dependiendo con quien se encuentre y actúa en consecuencia a esa forma que elige, para ser apreciado, para que nos digan lo maravillosos que somos o, simplemente, para que nos quieran. Todo esto nos hace perder mucha energía para representar esa comedia.

Aquello que nos debilita es sentirnos ofendidos por los hechos de nuestros semejantes. Nuestra importancia personal necesita que una gran parte de nuestra vida nos sentimos ofendidos.

No nos ofende, generalmente, la otra persona, nos ofenden nuestros egos, el creernos que somos más importantes de lo que realmente somos.

El guerrero no tiene imagen personal que defender y eso lo hace libre, liviano y fluido.

La importancia que te concedes en cada una de las cosas que haces, dices o piensas, embota todos tus sentidos y te impide percibir la vida de forma clara y objetiva.

La importancia personal requiere que pases la mayor parte de tu vida ofendida por algo o alguien.

Eres, simplemente, una mota de polvo formando parte de este universo.

 

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