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Situado en el pecho, a la altura del corazón.

COLOR: verde, rosa.
ELEMENTO: aire.
SONIDO: Yam.
GLÁNDULAS: Timo
FUNCIÓN: tolerancia, aceptación, comprensión e integración. Perdón, paz interior, calma y liberación. Ternura, cariño y cordialidad. Esperanza.
IMÁGENES SIMBÓLICAS:  Corazón abierto irradiante, el movimiento suave del aire, una rosa.
AFECCIONES: Asma, hipertensión, dolencias cardíacas, enfermedades pulmonares. Ansiedad, ahogos, estrés, opresión, incapacidad de dar o recibir amor, tristeza profunda, melancolía, falta de confianza en la vida, tacañería, carácter hipercrítico, miedo al futuro.
ACEITES ESENCIALES: Rosa y madreselva.
PREGUNTAS DEL CHAKRA. ¿Experimentas una paz profunda y un perfecto equilibrio? ¿Sientes que la vida tiene un sentido? ¿Tus relaciones con los demás son sinceras?

En nuestro corazón se encuentra el “Maestro Interno”, la voz del alma. Anahata es el centro del sistema de chakras, y uno de los más importantes por lo que hace de puente entre los tres chakras inferiores y más materiales y los tres chakras superiores o más espirituales.

Cada uno de nuestros chakras presenta una polaridad, vida/muerte, placer/dolor, poder/sometimiento y que es en ese rango, donde como el dial de una radio nos vamos sintonizando en nuestra vida. El cuarto chakra se mueve en la polaridad amor/miedo, al contrario de lo que pensamos todos de que el odio es lo contrario del amor, es el miedo. Desde que nacemos, en algunas ocasiones antes de nacer, conectamos con ese miedo: a ser abandonados, a sufrir, a no ser capaz… y en medio de todos estos miedos vamos desarrollando estrategias para mantenerlos ocultos o dormidos y vamos viviendo el amor en función de esas estrategias, del miedo al abandono nos atrae alguien que nos genera protección (primer chakra), que nos proporciona placer o diversión (segundo chakra), que nos complementa en un juego de poder (tercer chakra). Pero es en este chakra donde surge el verdadero amor, que se extiende e inunda a todos los demás, es un amor con MAYÚSCULAS, que surge de forma incondicional, simplemente por el reconocimiento de que el otro es, incluso es independiente de que el otro nos reconozca. En algún momento todos hemos experimentado este amor, es el amor hacia el hijo, o hacia la madre.

Para alcanzar el amor son necesarios antes unos pasos previos: TOLERANCIA / ACEPTACIÓN / COMPRENSIÓN / INTEGRACIÓN

En el momento que toleramos permitimos que esa persona exista para nosotros, le damos una oportunidad, si hemos tolerado, un paso más allá es aceptarla tal y como es, y con esa apertura de la aceptación y el conocimiento que nos proporciona nos lleva a comprenderla, desde esa comprensión podemos integrar al otro, tal como es, dentro de nuestro corazón, y en ese momento surge el amor incondicional. Cuando el amor incondicional se dirige hacia todos los seres, obtenemos el privilegio de la liberación, somos libres de todos nuestros miedos, que pueden seguir estando, pero ya no estamos encadenados a ellos ni dirige nuestra vida.

De la misma  forma que proyectamos el amor incondicional hacia el resto de las personas debemos proyectarlo hacia nosotros mismos, la mayoría de las veces esto es más complicado que el amor hacia los demás. Esto supone liberarnos de nuestra personalidad, formada desde nuestra neurosis, que supone en muchos casos que no tenemos amor, que no somos suficiente buenos, hermosos, perfectos para ser amados, que necesitamos esforzarnos y hacer cualquier tipo de cosas para obtener reconocimiento, que es lo más parecido al amor que nos atrevemos a desear (el sucedáneo del amor). Podemos empezar a tolerarnos aprendiendo a tolerar la realidad que nos toca vivir, enviando resistirnos y rechazar los acontecimientos que nos producen dolor o sufrimiento, desde esa tolerancia aceptamos nuestras dificultades y limitaciones y aprendemos a vivir con ellas igual que con nuestros logros, solo así llevamos la comprensión que necesitamos para llegar al amor incondicional. Cuando se da esa consciencia en nosotros, ya nada necesitamos, la neurosis deja de tener sentido porque no tenemos nada que “apuntalar”, nada que defender ni que esconder, somos perfectos como somos, somos puro AMOR.

Otro aspecto interesante del amor es que solo se puede tener consciencia de él desde el presente. El amor es un acto de consciencia, por tanto vivir en él nos sitúa en el presente, en el aquí y en el ahora, mientras que el miedo nos hacer estar anclados en el pasado o proyectados en el futuro, en lugar de vivir en consciencia vivimos en ignorancia.

Om, pienso con amor, que todas las cosas y todos los seres hemos nacido del mismo espíritu universal, el cual compenetrándolo todo lo sostiene todo, en un orden perfecto y en vida eterna. Por lo tanto todos los seres inferiores como superiores participamos de la misma vida formando en el espacio infinito un solo cuerpo cósmico o místico.

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