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Durante la fase de plenilunio se dan unas condiciones energéticas especiales que se aprovechan para hacer meditaciones en grupo, al mismo tiempo pero en distintas partes del planeta, sintonizando conciencias en beneficio de la Humanidad. Según algunos psicólogos la tensión en una sociedad proviene de la suma de la tensión de cada individuo, por tanto la meditación colectiva puede reducir eficazmente el estrés social y por tanto, prevenir la violencia y los conflictos sociales y proporcionar unos cimientos prácticos para la paz mundial permanente. Ya existen algunos experimentos en este sentido, como el del físico cuántico John Hagelin que reunió en Washington durante el verano, época en la que aumenta peligrosamente la violencia en la ciudad, a más de 4.000 personas para meditar y observaron, junto con autoridades locales, cómo la criminalidad se había reducido en un 25%.

Todos conocemos el poder magnético de la luna sobre el agua, somos un 70% de agua, por tanto es lógico pensar que nuestro satélite influye en nuestro organismo y en nuestras emociones, de hecho en la Edad Media a los locos psiquiátricos se les llamaba “lunáticos”. Simbólicamente el agua no es solamente un elemento de nuestro cuerpo y de la naturaleza sino un símbolo de nuestras emociones, la naturaleza del agua es fluir y si el agua no fluye, se estanca de la misma manera nuestras emociones se estancan si no fluyen.

En la fase de luna llena, el sol está más cerca de la Tierra y la luna se encuentra en la parte más opuesta y en realidad, puesto que la luna no tiene luz propia, lo que vemos es la luz del sol reflejada sobre ella. De la misma manera, podemos mediante la meditación podemos arrojar luz en nuestro interior y darnos cuenta de qué está pasando, cuán ordenada o desordenada está nuestra casa interior y nuestro mundo emocional.

Un buen propósito para meditar en luna llena sería RECUPERAR EL PODER INTERIOR.

El poder interior es esa fuerza que nos impulsa a avanzar, a cumplir nuestros propósitos, a creer en nosotros mismos, a superar retos y que nos anima a levantarnos cuando caemos. Como toda fuerza necesita una energía que la impulse y la energía que utiliza es el Amor, sin embargo cedemos nuestro poder interior con nuestros pensamientos llenos de miedo, culpa, rabia, dolor, tristeza, cuando nos centramos en lo que dicen otros o cuando pensamos que la felicidad está fuera de nosotros, todo esto nos impide ver ese Amor que no tiene límites.

El poder interior es como una varita mágica que puede transformar nuestra realidad, cedemos esa varita mágica cuando pensamos que lo que hay en nuestro interior es incontrolable y la recuperamos cuando conducimos nuestras emociones con responsabilidad y equilibrio.

Somos capaces de gestionar nuestras emociones, solo tenemos que creerlo y decidirnos a hacerlo. Creamos constantemente con nuestros pensamientos, actos y palabras activando así la Ley de Atracción, tanto a nuestro favor como en contra.

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